36/2017 Maricultivo y extracción furtiva; los retos del pepino de mar

Ensenada, Baja California, México, 30 de junio de 2017. Ante la necesidad de conservar a esta especie de gran importancia económica para el Golfo de California, investigadores del Departamento de Ecología Marina del CICESE gestionaron un punto de encuentro con habitantes y autoridades gubernamentales para socializar y compartir los resultados de estudiar la población del pepino de mar (Isostichopus fuscus), especie amenazada por la extracción furtiva.

Los resultados se derivan de un proyecto apoyado por el Fondo Sectorial CONACYT-SAGARPA, que a finales de 2013 emitió una convocatoria para evaluar el estado de la población del pepino de mar en la costa de Baja California y encontrar sitios adecuados para reproducir y comercializar la especie de la manera más sustentable posible.

Datos actuales indican que la población de pepino de mar ha sufrido una disminución considerable, pues en 2007 la densidad era de 0.27 pepinos por metro cuadrado y ahora es de 0.026, es decir, un orden de magnitud menor. Para cualquier especie, disminuir de esta manera en tiempos relativamente cortos es grave para su conservación.

La causa principal de ello es la extracción furtiva de la especie. Se conoce que pescadores provenientes de la zona de Bahía Quino y Puerto Libertad, en Sonora, cruzan el Golfo de California para extraer pepino de mar. Posteriormente, se cruza el producto a Estados Unidos por la frontera de Arizona (menos restrictiva) y de ahí a países asiáticos. Un pescador furtivo puede vender un kilo de pepino de mar, ya cocido, hasta por mil pesos.

Se estima que “por lo menos la mitad de lo que se extrae, no se reporta. Es decir, las capturas ilegales son iguales o más, que las capturas legales”, informó el Dr. Luis Eduardo Calderón, investigador del CICESE y responsable del proyecto. “Definitivamente se tienen que explorar nuevas maneras de aprovechar el recurso y una de ellas es a partir del maricultivo”.

Al respecto, se identificaron dos sitios en Bahía de los Ángeles y uno en el archipiélago de San Lorenzo con características fisiográficas y oceanográficas apropiadas para la instalación de maricultivos de pepino de mar. Esto fue resultado de aplicar un modelo de nicho ecológico que consideraba la abundancia relativa y aspectos genéticos y reproductivos del pepino de mar, así como información satelital para conocer a detalle las condiciones oceanográficas.

Esta especie se encuentra dentro de la NOM 059, en estado de “sujeta a protección especial”, dijo el Dr. Calderón, “esto significa que las poblaciones de la especie se encuentran mermadas, pero son susceptibles de aprovechamiento siempre y cuando exista un estudio técnico justificativo que demuestre que la población no está en riesgo si se aprovecha”.

El pepino de mar es estudiado desde 2005 por el CICESE. Es una especie que se alimenta de materia orgánica, consume bacterias, regula carbonatos y el pH del sedimento, cambia el tamaño de grano de los sedimentos del mar, los oxigena y estratifica.

El estudio genético de este proyecto demuestra que una sola población es la que habita en el Golfo de California. No hay una diferenciación genética desde Baja California hasta Bahía Banderas, Jalisco. En cuanto a aspectos reproductivos, encontraron que el periodo se extiende de abril a octubre, información que permite sugerir temporadas de aprovechamiento.

Formalmente el proyecto termina en octubre de 2017. Pero con la cantidad de datos recabados, el trabajo de investigación, análisis y publicación da para 2 o 3 años más. El Dr. Calderón informó que hay dos tesis de licenciatura y una de maestría en proceso, derivadas de este proyecto, por lo que contribuye también a la formación de recursos humanos.

El taller estuvo a cargo de Abigail Pañola, Juan Manuel Galaviz, Francisco Castañeda y el propio Luis Calderón.

Investigación científica útil para la sociedad

En el sentido social, el proyecto generó información muy importante desde el primer año. Por ejemplo, la Dirección General de Vida Silvestre de la SEMARNAT, quien autoriza y asigna las cuotas entre los permisionarios, toma como base los resultados de este proyecto.

Además de satisfacer las necesidades desde el punto de vista científico-académico, este proyecto genera un impacto directo a los sectores social y gubernamental porque se benefician con información técnicamente sólida. Al tener esta información, los permisionarios son receptores de cuotas de aprovechamiento que sirven para sus ingresos.

“El siguiente paso es la organización entre los productores para constituirse como figura jurídica, denominada Unidad de Manejo (para la conservación de la vida silvestre, UMA), para poder instalar maricultivos. Dentro de este proyecto ya no hay fondos para apoyar esto, pero dejamos la semilla para que continúen con el trabajo. La SEPESCABC lo vio con muy buenos ojos y buscará fondos para esto”, comentó el Dr. Calderón.

Directivos de la Reserva de la Biósfera Bahía de los Ángeles, CONANP, el director general de SEPESCABC y 13 permisionarios, pescadores y habitantes de Bahía de los Ángeles atendieron a este III Taller de Socialización para conocer de manera directa los avances de este proyecto que está a punto de concluir en octubre de este año. El taller y convivencia se realizó en la sub estación del CICESE que se ubica en dicha localidad, el pasado 22 de junio.

El taller culminó con una convivencia entre los asistentes. “Para los locales y los pescadores, poder abordar a una autoridad de una manera más informal es muy útil. El pescador se presenta, expone, exige. La autoridad está conviviendo con ellos y es más fácil sensibilizarse sobre las necesidades que tienen. Una propuesta reiterada de la gente local, es que para ellos es muy oneroso trasladarse hasta Ensenada para hacer trámites. Necesitan invertir en estancia y viáticos. Necesitan allá (en Bahía de los Ángeles) una representación de las autoridades, incluso una ventanilla donde puedan solicitar permisos y demás”, finalizó Calderón.